¿Quién podría oponerse a un decreto aprobado por el Consejo del Gobierno Andaluz para "mejorar la convivencia en los centros educativos y promover la cultura de la paz y la no violencia en el ámbito escolar"?
¿Quién podría negarse a participar en una red de Escuela llamada "Espacio de Paz"?
Sin embargo, nos encontramos ante otra solución ineficaz: más recursos humanos y materiales que no reducen la violencia ni el acoso escolar, que no protegen a las víctimas y que tampoco devuelven la autoridad arrebatada a los profesores.
Convivencia y Violencia son vectores de trabajo diferentes. De ahí que un Decreto de convivencia no pueda constituir una solución eficaz para luchar contra la violencia y el acoso escolar, y que la mediación no pueda ser el camino adecuado para atajar situaciones de maltrato que no pueden ser consideradas conflictos.
Soluciones ineficaces que, desde las Consejerías y el Ministerio de Educación, vienen ofreciendo aquellos que pretenden desconocer interesadamente el diagnóstico del problema.
Dentro de la cultura de la evaluación, la violencia también puede y debe medirse. Debe ser evaluada por aquellos que tienen una posición de garante sobre la salud y la seguridad del niño. Uno de cada cuatro alumnos desde primaria hasta bachiller es víctima de violencia escolar en diferente grado.
Rompamos la ley de silencio (el mayor aliado de los agresores) y pongamos luz donde hay oscuridad y síndromes de negación de la realidad.
Padres, profesores y Equipos de Orientación EXIGIMOS un compromiso serio y tenaz para erradicar el fenómeno violento que de manera creciente viven en el sector educativo, profesores y alumnos, haciendo posible la protección inmediata de la víctima y la sanción, también inmediata y dentro del entorno escolar, de cualquier atentado a la dignidad del menor, retirando el rédito social a la conducta socialmente inaceptable de otro niño que, por ensayo-error, está aprendiendo que la violencia es rentable.