Fuente: Oñate, A y Piñuel, I: Acoso y violencia escolar en España: Informe CISNEROS X – IEDDI – Madrid 2007.

Manifestaciones psicológicas y psicosomáticas graves

Acoso Escolar

Un niño que es víctima de un proceso de acoso y violencia escolar tarda un período muy variable en manifestar externamente los daños psicológicos y psicosomáticos propios de este cuadro.

Cuando por fin los padres o el entorno educativo de la víctima caen en la cuenta de la existencia de un problema, suele ser casi siempre demasiado tarde, y la probabilidad de confundir el diagnóstico de un daño psicológico efecto del acoso (en forma de estrés postraumático, trastornos de ansiedad, depresión) con una enfermedad mental o un trastorno psicológico del niño es muy elevada.

Debido a ello, hoy por hoy, la mayoría de los casos de acoso y violencia escolar son o bien ignorados o erróneamente diagnosticados por muchos profesionales como casos de niños difíciles, depresivos, con problemas de adaptación, hiperactivos, con problemas de asertividad, de integración social, o simplemente como las víctimas de los procesos psicológicos que acompañan a la separación de sus padres.

Suele ser demasiado tarde cuando por fin las víctimas de acoso y violencia escolar reciben un diagnóstico correcto y la necesaria asistencia especializada.

Los psicólogos que las asistimos y apoyamos terapéuticamente observamos en los niños que han sufrido acoso y violencia escolar confusión, sentimientos de culpabilidad, irritabilidad, indefensión y baja autoestima.

Estos niños, anegados en un mar de sentimientos de culpa internalizados, gracias al maltrato y al proceso acusatorio central en todo acoso creen que son inadecuados, torpes, estúpidos, repulsivos, que han obrado mal, que lo han hecho fatal, que no valen para nada, que se han equivocado, que han cometido graves incumplimientos o fallos.

Se reprochan a sí mismos continuamente todo cuanto hacen en medio de una inseguridad psicológica pervasiva.

Víctimas reales de una violencia

El acompañamiento terapéutico debe ser enfocado como el tratamiento de un cuadro de daños producido por un proceso de victimización y no como la terapia de un niño con un trastorno, un problema de adaptación o un déficit de habilidades.

La realidad técnica de un diagnóstico riguroso es que los niños que padecen acoso y violencia escolar no deben ser evaluados como meros enfermos mentales sino como víctimas reales de una violencia que ha generado un tipo de daño e indefensión psicológica unívocamente causado por el proceso de victimización persistente y sistemático contra ellas en sus centros educativos.

Huelga señalar que el tratamiento de la víctima de acoso escolar es más un acompañamiento que la psicoterapia de una patología, y debe ser dirigido por profesionales debidamente acreditados y entrenados en el tratamiento de este tipo de problema, muy especialmente en la técnica EMDR.

Responsabilidad de los centros escolares

Siendo verdad que es necesario apoyar psicológicamente al niño que presenta esos daños, no hay que olvidar que la responsabilidad de que este riesgo para la salud de los escolares no se produzca pertenece a los centros escolares.

Son los centros los que deben garantizar que esas conductas no lleguen a producirse en su seno. De ahí la necesidad de la prevención y evaluación temprana.

Monitorización de la situación escolar y medidas cautelares de protección

En ningún caso la estrategia terapéutica debe dirigirse a endurecer al niño que es víctima frente a su acoso, haciéndola resistente al acoso o “a prueba de acoso” mediante un tratamiento sintomático o exclusivamente farmacológico.

El acompañamiento psicológico de los niños victimizados debe acompañarse de una especial vigilancia y monitorización de la situación escolar que garantice durante el periodo de recuperación que los niños afectados no vuelvan a padecer situaciones violentas o amenazantes en el ámbito educativo.

De este modo debe trabajarse con la víctima en la recuperación de su asertividad, su autoestima, su confianza en sí misma y la estabilidad emocional perdida sin perder de vista la urgente y absoluta necesidad de que no se reproduzcan contra ella las situaciones de acoso, mediante la adopción de medidas cautelares de protección que garanticen para ella un entorno escolar libre de violencias, acoso o intimidación.

Debe recordarse en este punto la obligación en conciencia y de acuerdo al código deontológico del psicólogo de informar a las autoridades policiales y judiciales en los casos en que sea conocedor de situaciones de situaciones de trato inhumano y degradante.

Períodos de recuperación variables

Los períodos de recuperación de las víctimas de acoso escolar son variables. Dependen de la adecuación del enfoque terapéutico así como de la constitución psicológica, los recursos personales, y el apoyo social y familiar que recibe el niño.

Resultan decisivos en el pronóstico y en la evolución terapéutica del niño el tipo de acoso escolar padecido, su duración, sus modalidades y sobre todo el apoyo organizativo, social y familiar que reciba la víctima desde el principio.

Estrategias terapéuticas correctas

Son estrategias terapéuticas correctas las que se centran en proporcionar una comprensión ética y veraz del problema de victimización que padece el niño. Se trata de la víctima de una agresión, no de una de las dos partes en un conflicto que opone a dos facciones.

Presentar los casos de violencia y acoso escolar como meros conflictos en los que hay que practicar una mediación para su resolución, además de FALSO supone una forma de victimización secundaria de las víctimas que son situadas así en igualdad de posición ética que los agresores.

Víctima y agresor no son posiciones éticamente intercambiables o relativas.

La ayuda terapéutica debe ayudar desde la verdad técnica del proceso de acoso, esto es la inocencia sistemática de las víctimas, a romper el proceso de indefensión generado, proporcionándoles un entorno escolar seguro y libre de la violencia y el acoso.