La existencia de daños clínicos en los niños acosados no puede nunca servir como criterio de confirmación o descarte de un cuadro de acoso y violencia escolar.

En cualquier caso, el daño psicológico debe ser objeto de evaluación lo mismo que el reporte puntual de que conductas de violencia y acoso que sufre el niño y su frecuencia y periodicidad.

El señalamiento de las conductas de acoso y de violencia que sufren los niños queda establecido y solo de éstas debe derivarse la presunción de la situación de acoso y violencia escolar, no de los daños.

Test AVE para explorar los posibles daños en las víctimas a partir de técnicas de análisis factorial

Sin embargo, los datos de la exploración clínica suelen ser fundamentales para completar la información psicológica relevante del caso y sobre todo para poder establecer el riesgo que la situación de acoso puede estar generando para la salud o la integridad psicológica y moral del niño.

La segunda parte del Test AVE® permite explorar la posible existencia de los daños que habitualmente presentan las víctimas en los casos de acoso y violencia escolar.

El Test AVE ® evalúa la presencia de ocho grupos de síntomas señalados reiterativamente por la investigación con niños víctimas de acoso o violencia escolar y confirmados por nuestras investigaciones previas a partir de técnicas de análisis factorial.

El que no aparezcan daños psicológicos en un niño afectado por acoso y violencia escolar no es un criterio válido para negar o dudar de la existencia de los indicadores de situaciones y conductas persistentes de acoso y violencia que ha referido aquel. Ni la presencia ni la ausencia de daños clínicos debe establecer la existencia o la inexistencia de una situación de acoso o violencia escolar contra el niño.

En todos los problemas de acoso la aparición de daños psicológicos no es inmediata sino mediata. Suele ser la repetición de conductas frecuentes de maltrato sobre un período de tiempo, junto a la habitual indefensión de las víctimas, a las que no se protege de estas conductas, lo que genera un daño, que puede aparecer meses o incluso años después del inicio de la situación de acoso.

En sentido contrario, otras razones diferentes pueden conducir en los niños a niveles de gravedad en las escalas clínicas que no tienen por causa ni el acoso ni la violencia escolar.

En este sentido resulta de primera importancia la profundización y la investigación en cada caso de la etiopatogenia de tales daños en caso de que aparecieran en la segunda parte de la prueba sin que fuera evidente la situación de Acoso y violencia en la evaluación de la primera parte.

Otros posibles caminos para la aparición de algunos de estos daños clínicos suelen ser situaciones de abuso o violencia a manos de los padres o familiares, violencia doméstica presenciada, accidentes, enfermedades graves en el pasado, separación traumática, agresiones, actos de terrorismo, catástrofes naturales, o incluso la mera observación de todas estas situaciones siendo el niño testigo de ellas.

La evaluación de los ocho indicadores clínicos es un complemento decisivo para establecer el impacto emocional que el acoso y la violencia escolar puede estar generando en el niño.

Establecer en la exploración psicológica la existencia y nivel de gravedad de los daños que aparecen más frecuentemente entre las víctimas de acoso y violencia escolar, permite obtener una panorámica completa del caso individual, del grupo o aula, de cara a la instrucción y la adopción de medidas urgentes por padres, educadores u orientadores.